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CONSUMIDORES

Aumentaron los consumidores ecoactivos en el mundo, a causa de la pandemia.

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El confinamiento ha hecho que la naturaleza se apodere de nuevo de su hábitat natural y ha cambiado la sensibilidad acerca del consumo y el medioambiente de los consumidores. «Antes de la pandemia se percibía un aumento de la consciencia colectiva en relación con el medioambiente, pero el COVID-19 ha acelerado más el proceso y ha motivado a más personas a tomar parte de esa responsabilidad».

Según el informe de Kantar de 2020, realizado entre mayo y junio, el 46% de las personas confirman que los problemas medioambientales les afectan personalmente.

Cada vez más, los ciudadanos son conscientes de los peligros que supone no cuidar el planeta, y la pandemia ha impactado en sus esfuerzos hacia el medioambiente. «Hay un cambio de mentalidad que el COVID-19 ha acelerado; la pandemia ha puesto de manifiesto que la necesidad de cuidar el planeta es real y que la huella que dejamos las personas en la naturaleza es muy negativa».

Según el informe Who Cares, Who Does? 2020, de Kantar, el número de consumidores implicados con el medioambiente (ecoactivos y ecoconsiderados) aumenta de un año a otro, y pasa a representar un 59% de los compradores en 2020 frente al 51% que representaba en 2019.

Esta tendencia de crecimiento de estos consumidores más «verdes» se reproduce de forma similar a escala global: Europa va en cabeza, con Europa del Este (67%) y Europa occidental (64%); seguida de América Latina (53%); de Estados Unidos (52%), en la tercera posición, y, en último lugar, de Asia (42%). «Son comportamientos que la sociedad va asimilando lentamente, sin darse cuenta, hasta que llega un momento en el que los tiene interiorizados y que se ven como algo totalmente normal -por ejemplo, reciclar materiales, comprar envases reciclados, etc.-«.

Los consumidores ecoactivos buscan estrategias para reducir su nivel de desperdicio de plásticos siempre o de forma muy frecuente, mientras que los ecoconsiderados son aquellos que simpatizan con ciertas acciones pero que no siempre las llevan a cabo, aun siendo conscientes de su importancia. «Lo que ha provocado la pandemia es un individuo más preocupado por la higiene y por los aspectos sanitarios».

El COVID-19 ha aumentado la necesidad de comunicar que la marca o el establecimiento son seguros para el consumidor. La pandemia ha intensificado la importancia de todo lo relacionado con la seguridad alimentaria y con la necesidad de conocer cuál es el origen de lo que comemos, cómo se manipulan los alimentos en los diferentes niveles de la cadena de distribución, etc.».

A la hora de comprar alimentos, los compradores revisan 3,8 elementos y hay dos áreas en las que los consumidores están más comprometidos: la garantía y calidad de los productos, y el embalaje (packaging). «Ante esta situación de pandemia, el consumidor presta mayor atención a la forma en que se fabrican los productos y los materiales que se utilizan para envasarlos; le interesa esta información e influye en su decisión de compra, quizás incluso en detrimento de otras variables, como el número de calorías o la cantidad de azúcar del producto».

«El tema del packaging es fundamental, ya que es uno de los aspectos más visibles de un producto, siendo más fácil de valorar por parte del consumidor». Además, el experto añade que «es necesario que la comunicación entre las marcas y los consumidores fluya, de modo que el consumidor conozca qué están haciendo las marcas para cuidar el medioambiente».

Los ecoactivos, un target muy interesante para el mercado

Los ecoactivos, un target muy interesante para el mercado.

Que cada vez haya más personas preocupadas por el medioambiente es una buena noticia para el planeta y para las propias marcas. Los ecoactivos son un grupo muy interesante para el mercado. Según diferentes estudios, este grupo tiene un gasto mundial de 382 billones de dólares en los bienes de consumo de alta rotación (fast moving consumer goods). «Estos consumidores suponen un sector muy importante -en 2020 son ya el 20 % del total- y las marcas saben que ese gasto lo van a dedicar a aquellas que cubran las expectativas medioambientales que ellos demandan».

Las marcas que inviertan en sostenibilidad y cuidado del medioambiente pueden llegar a este cliente con un poder adquisitivo medio-alto. «El consumidor ecoactivo está dispuesto a hacer un esfuerzo económico para adquirir ese tipo de productos; las empresas pueden estar seguras de que la inversión que hacen tendrá su recompensa».

Baja un 8% el número de consumidores ecorresignados.

Al otro lado de la balanza está el consumidor ecorresignado, es decir, aquel consumidor que no tiene mucho interés por los retos medioambientales a los que se enfrenta el mundo y que no lleva a cabo ninguna medida para mejorar. Aun así, las cifras demuestran que este tipo de consumidor decrece un 8% a escala global. En Latinoamérica es donde más baja -un 16 % en comparación con el año 2019-, seguida de Europa -con un 7 %-.

«En el grupo de ecorresignados se sitúan las clases sociales bajas, cuyo poder adquisitivo no les permite plantearse la compra de productos de mayor precio y que en muchas ocasiones no poseen la cultura necesaria para entender esta necesidad ambiental y social».

«Son personas que sí son muy sensibles al precio, y que asumen, consciente o inconscientemente, que por un precio inferior no pueden obtener una calidad mayor». También influye la educación: habitualmente, a mayor nivel cultural, mayor sera la conciencia ecológica y medioambiental.

Fuente: PuroMarketing.com | STARTUPS.com.ar

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CONSUMIDORES

¿Es el boca a boca entre consumidores más poderoso e importante para las marcas que la publicidad?

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Los anuncios seguirán apuntando a los consumidores en la dirección correcta.

Una de esas lecciones que los marketineros han tenido que aprender a lo largo de los años y que se han asentado como un valor seguro a la hora de hacer estrategia de marketing y de publicidad es el poder del boca a boca. Esta poderosa herramienta funciona de una manera orgánica: los propios consumidores se encargan de dar a conocer los productos y los servicios así como los valores de una marca a otros consumidores, que además perciben de un modo mucho más positivo esos mensajes que cuando llegan de fuentes tradicionales ‘marketinianas’. Esto es, si una empresa nos promete una cosa no tendemos a creérnosla, pero si la misma promesa llega a través de intermediario cercano le damos más valor.

El boca a boca es, por tanto, uno de esos elementos que las marcas potencian y que los marketineros esperan lograr activar. Es marketing orgánico, con costos en todo caso mínimos y con resultados muy positivos. Pero, por muy bueno que el marketing boca a boca sea, no se puede caer en la trampa de pensar que su existencia hace innecesario el marketing y la publicidad tradicionales. El boca a boca no es un sustituto total de la publicidad.

Eso es lo que señalan los investigadores de la Universidad de Maryland y del Instituto Sistemas Complejos de Ingeniería, que acaban de presentar las conclusiones de un estudio sobre el impacto del marketing boca a boca, el efecto que tiene en los consumidores y el papel que la publicidad tiene en este contexto.

Si los propios consumidores se están encargando de hacer el trabajo de dar a conocer tu producto, la marca podría caer en la tentación de pensar que no tiene nada que hacer ya por su parte para lograr resultados y popularidad. Las conclusiones del estudio apuntan, por el contrario, en una dirección muy diferente. Los consumidores se encargan de dar a conocer la calidad, cierto, pero la marca sigue necesitando empujar a los consumidores en esa dirección.

Las compañías deben invertir en lo que los investigadores llaman marcadores de alta calidad. Esto es, señales que apunten al consumidor lo que la compañía quiere que vea. Esas señales son, se mire como se mire, los anuncios.

No es un uno por el otro

«Aunque tanto el boca a boca como la publicidad pueden ofrecer información sobre la calidad a los consumidores, se podría pensar que un negocio de alta calidad o una marca exitosa, debería tener que gastar menos en publicidad ya que se beneficiaría del boca a boca», señala Yogesh Joshi, uno de los coautores del estudio. «Sin embargo, esta investigación demuestra que el boca a boca, en lugar de reducir la necesidad de invertir en publicidad, podría hacer requerir que estos negocios destinasen más recursos a esos esfuerzos de señalización de calidad», indica.

Además, las marcas no solo deben llevar al consumidor a donde quieren que vayan, que es lo que logran con los anuncios apuntando en ciertas direcciones, sino que además deben contrarrestar también los potenciales comentarios negativos.

Por muy positivos que sean los testimonios de los consumidores y por mucho que funcione el boca a boca, a medida que más consumidores cuenten sus experiencias con la marca también se empezarán a registrar opiniones negativas y alguna que otra mala experiencia. Mantener una inversión en publicidad, puede contrarrestrar esa exposición.

Fuente: PuroMarketing.com  |  STARTUPS.com.ar

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